Claudio, el “cazador de tesoros” de Coca‑Cola que ya reunió 10 mil piezas

14/02/2022

Como un padre que muestra una foto de sus hijos, a Claudio Álvarez se le ilumina la cara cuando repasa los objetos que exhibe en su stand, el más grande de la 8ª Convención Internacional de Coleccionistas de Coca‑Cola. “Vení, mirá lo que es este vaso”, invita con pasión a quien se le acerque a hablar. Pero en el medio puede cruzarse con otra cosa y el foco gira hacia allí con idéntico fervor; e inmediatamente algo le recuerda que un colega chileno le consiguió un pijama de la marca, así que sale corriendo a buscarlo dentro de un bolso. Y la rueda vuelve a empezar.

“Armé el stand antes en casa para ver cómo quedaba, porque si no es imposible. Lleva mucho tiempo”, explica Claudio mientras muestra cómo quedaron exhibidos sus tesoros, organizados de manera temática en un espacio tres veces más grande que el del resto de los expositores. Entre otras, hay una sección de golf, y una que incluye piezas vintage con un velador y un teléfono que se destacan. En total cree haber traído unos 200 objetos. Uno de sus más preciados es el póster de una campaña de Coca‑Cola que tuvo como protagonista a Diego Maradona, allá por los años 80. Claudio lo colocó al lado de una botella idéntica a la que sostiene “El Pelusa” en la lámina.

Ahora bien, si se trata de buscar algo único, todas las miradas se centran en los aviones de Coca‑Cola que el propio Claudio lijó, barnizó y pintó, acaso como una forma ser parte de la historia también desde el lado creativo. “Los vi y se me ocurrió que el logo podía entrar justo, así que compré varios y arranqué”, cuenta. Dice que muchos colegas se los quisieron comprar, pero que ninguno de los seis aviones que “tuneó” está a la venta.

Aunque coqueteaba con la idea desde antes, el bichito del coleccionismo lo picó definitivamente hace 20 años, a partir de un pequeño accidente que terminó marcando su vida para siempre: “Ya juntaba algunas botellas nacionales y un día se me rompió una, así que mi esposa, que me quiso ayudar a reponerla, se puso en contacto con un coleccionista para que fuera a comprársela. Cuando entré a la casa y vi todo lo que tenía, que había todo un mundo de Coca‑Cola, me metí de lleno”, recuerda.

Así, con dedicación y amor, el catálogo de este cazador de tesoros, como se autodefine, fue creciendo hasta llegar los más de 10.000 objetos, muchos de ellos exhibidos en vitrinas en su propia casa. “Es increíble, pero siempre encontrás una nueva pieza importante. Siempre hay algo más”, dice, con la certeza de que este camino está lejos de llegar a su fin. Es más: ya se imagina a uno de sus cuatro hijos como posible heredero, e incluso sueña con que uno de sus nietos tome la posta. “De a poco le va gustando mi colección. Ya me pidió una pelota de Coca‑Cola”, cuenta con el mismo entusiasmo con el que empezó la nota.